Trabaja IPN en dispositivo biodegradable para tratar arterias tapadas

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MÉXICO, 23 DE ABRIL (CÍRCULO DIGITAL).- Con el propósito de ofrecer una nueva alternativa para la administración de medicamentos, un grupo de investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) trabaja en el diseño y desarrollo de un stent coronario biopolimérico, biodegradable y biocompatible que evite el uso de los actuales dispositivos metálicos.

En el proyecto participan Mónica de la Luz Corea Téllez, de la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas (ESIQIE), y Jorge Isaac Chairez Oria, de la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Biotecnología (Upibi).

En un comunicado, indicaron que el stent coronario es un dispositivo que tiene como propósito evitar el cierre de las arterias o vasos sanguíneos después de abrirlos o destaparlos, proceso denominado como angioplastia.

Asentaron que el desarrollo del stent para transportar el medicamento representa un desafío, porque debe ser biocompatible, proporcionar tiempo y controlar la dosificación para proporcionar un adecuado tratamiento y procurar la salud del paciente.

Este dispositivo será recubierto por un polímero de poliácido (láctico-co-glicólico) que se degrada por erosión y sirve como dosificador de una sustancia activa. Los primeros resultados arrojan que el material tiene una vida de tres meses, aunque se trabaja para que dure por lo menos medio año.

En los experimentos realizados se logró 85 por ciento de adsorción de diferentes fármacos en la matriz polimérica y una desorción de ciento por ciento, todo esto se cumplió en 336 horas.

Mientras, el proceso de liberación del medicamento se efectuó simultáneamente a la degradación del biopolímero.

“Simulamos el proceso de degradación de forma estática y dinámica. Literalmente colocamos placas cubiertas del biopolímero y verificamos cómo se degradaban al colocarse en un frasco.

“Posteriormente, en la parte dinámica experimentamos con un sistema que representó el torrente sanguíneo, el ancho de una arteria, cómo se colocaría el stent, cuál sería el flujo que pasaría en todo el circuito, cómo degradaría y adsorbería el material”, detalló Mónica de la Luz.

En relación con el funcionamiento del stent, se diseñó un sistema para colocar un tubo de vidrio donde se insertó una placa recubierta con el polímero. Con una manguera (arterias) y solución salina (fármacos) se simuló el flujo que tendría la sangre sobre el circuito y se evaluaron las velocidades de degradación.

La experta en biomateriales detalló que además trabajan el diseño y construcción de dispositivos biodegradables para colocar todo tipo de fármaco en cualquier parte del cuerpo que se necesite.

Asimismo, probarán materiales con mayor peso molecular y explorarán la posibilidad de imprimir el stent en una impresora 3D para analizar los tiempos de degradación y después hacer las pruebas in vivo e in vitro.

El stent forma parte de un módulo del proyecto multidisciplinario “Desarrollo de dispositivos poliméricos biodegradables para aplicaciones biomédicas” donde participan también los científicos Lucía Téllez Jurado de la ESIQIE, Rogelio Jiménez Juárez y Blanca Estela García Pérez, ambos de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB).

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