El discurso como estrategia

En Otro Canal

Armando Reyes Vigueras


Como país, México enfrenta problemas en el terreno económico con un nulo crecimiento, desempleo e informalidad crecientes, además de que la inseguridad sigue siendo una de las mayores preocupaciones de los ciudadanos, y sin mencionar que tenemos más de 85 mil muertes por Covid-19 o que los escándalos por corrupción siguen. ¿Qué se ha hecho para resolver estas crisis? Simple, lanzar discursos al por mayor desde Palacio Nacional

De lengua me como un taco

En materia económica, el discurso presidencial ha hecho aportes como incluir a la moral en este terreno, en afirmar continuamente que vamos muy bien, en desestimar el bajo crecimiento económico y el PIB, en prometer que se va a medir la felicidad y que se están recuperando los empleos perdidos.

También, presumir las remesas que mandan nuestros paisanos desde Estados Unidos como un logro más.

En materia de seguridad pública, el discurso presidencial ha presumido del despliegue de la guardia nacional, se ha quejado de las noticias de masacres –que según el presidente ya se habían acabado–, decretó el fin del huachicoleo, aunque los informes que luego presenta hablen de acciones en contra de este delito, de la baja de algunos ilícitos –no de homicidios dolosos o feminicidios– y de que ordenó que se liberara a Ovidio Guzmán para evitar que se derramara sangre.

A pesar de este panorama, permitió que su secretario del ramo renunciara para buscar una gubernatura, en una entidad que, por cierto, sufre por este tema y desestima las denuncias de militarización en este ámbito.

En materia de salud, asegura que vamos bien, que la pandemia ya se domó, que no nos ha ido tan mal como a otros países, que ya se está apartando la vacuna para el año que entra, que las quejas por desabasto de medicinas para niños con cáncer o el robo de medicamentos son una forma de atacar a su gobierno por parte de sus opositores, que le dejaron un sistema de salud quebrado, pero sin reconocer que las quejas por falta de medicinas o los 85 mil muertos por el virus son una realidad.

En materia de corrupción, van tres ocasiones en que dice que esto ya se acabó, que él no autoriza que se robe y, por eso, el bandidaje oficial terminó, que se ha ahorrado mucho por no tener corrupción en su gobierno –lo que hace menos entendible su urgencia por desaparecer fideicomisos–, pero se niega a comentar las denuncias que, en su propio partido, Morena, han hecho precisamente por corrupción.

Basta con escuchar lo que ha dicho últimamente Porfirio Muñoz Ledo o las denuncias penales de Alfonso Ramírez Cuéllar o las que hay por lo sucedido en la Conade, además de renuncias de funcionarios de su gobierno, para darnos cuenta que ese discurso se utiliza para tapar algo que no ha dejado de estar presente en el país, a pesar del discurso presidencial.

Luego tenemos el discurso contra los expresidentes, a pesar de que en otras ocasiones ha dicho que “nada por encima de la ley”. Pues resulta que a pesar de todo lo que ha dicho, no hay una sola denuncia en contra de algún exmandatario, ni una orden para investigarlos, fincarles responsabilidades y proceder conforme a derecho, pero –eso sí– hay muchos discursos en los que se dice contrario a la idea de perseguir a los expresidentes y prefiere buscar, mediante una consulta, que el “pueblo bueno” decida si se les va a investigar.

Que sea en la campaña electoral de 2021, sólo es parte de su discurso, en el mismo que dice que se va a convertir en guardián de las elecciones o que se prepara un fraude en su contra.

Así, vemos que el discurso presidencial –amplificado por la estrategia en medios y redes– sirve para esconder desde la falta de resultados hasta las continúas contradicciones de un presidente que se dan de tanto hablar.

Que ante Al Gore haya prometido impulsar las energías renovables, para luego decir que los generadores eólicos afean el paisaje y que se va a comprar carbón para generar electricidad, es un simple botón de muestra de este comportamiento.

Tener a su disposición una tribuna con proyección nacional, que le garantiza la atención de amplias capas sociales, con una plataforma que busca no sólo la amplificación de su mensaje, sino también su justificación en caso de algún error, es la estrategia que se ha desplegado desde la presidencia, algo que se debe reconocer como exitoso en la medida de que millones de mexicanos siguen creyendo en sus palabras.

El problema es que la realidad siempre impone sus otros datos y a pesar de tanto discurso, ésta no se corrige con simples palabras.

Para quien gobernar no tiene gran ciencia, debe ser problemático darse cuenta que no puede sacar adelante a un país como cientos de veces prometió en sus campañas electorales, por eso mejor hay que esconderse detrás de un discurso, al fin y al cabo, sus fanáticos se encargarán de repetir hasta el hartazgo, aunque muchos mexicanos se estén dando cuenta, a final de cuentas, de que son simples palabras y que así no se gobierna un país.

@AReyesVigueras


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