Alfredo Castillo, de relevista estrella, a severo dolor de muelas

Tras la Puerta del Poder

*Roberto Vizcaíno

Como dice el muy sobado chiste de primaria: si Enrique Peña Nieto fuese en estos momentos dueño de un circo, le crecerían los enanos.

Con todas las broncas encima -el ya insoportable conflicto de la CNTE, el crecimiento exponencial de la inseguridad, el choque con la Iglesia por lo de los matrimonios gay, la baja de popularidad por la pésima percepción ciudadana debido a un peor manejo de imagen y medios de comunicación, las malas condiciones de la economía, etc-etc-, el mandatario tiene que lidiar ahora con las presiones sociales y políticas que le ha generado el insensato y por demás prepotente comportamiento de Alfredo Castillo al frente de la Conade y en especial en los Juego Olímpicos de Río de Janeiro, Brasil.

Enredado en una serie de disputas y jaloneos con los dirigentes de las confederaciones deportivas nacionales de México desde que fue designado por Peña Nieto el 16 de abril de 2015 como director de la Conade, Castillo le ha agregado al pleito por el control del poder y del dinero en esa área, sus broncas personales.

Desde un principio se sabía que Castillo llegaba al cargo para intentar instaurar un orden institucional en el territorio de la promoción del deporte nacional.

Este escenario estuvo durante décadas bajo un solo dominio: el del multimillonario Mario Vázquez Raña, quien además mantuvo un vínculo de control dentro de los más altos niveles del Comité Olímpico Internacional.

En el largo reinado de Vázquez Raña, ningún presidente mexicano se atrevió a intervenir en esa área para disputarle la posición y el control.

Como suele ocurrir en esos casos, a la muerte del patrón del deporte, los cabos quedaron sueltos y cada uno de los encargados se atrincheró en sus respectivas federaciones en espera de que los millones de pesos siguieran fluyendo como cuando Vázquez Raña estaba al frente.

Castillo llegó con otras instrucciones.

Con el antecedente medio abollado luego de su caótico paso como Comisionado en Michoacán, Alfredo Castillo, uno de los pocos miembros del primer círculo de Peña Nieto no nacido en el Estado de México, nacido en el DF el 25 de julio de 1975, abogado por la UAM, se había convertido en el relevista favorito del Presidente.

Castillo presume de licenciaturas adicionales en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Ibero, y una licenciatura en Economía Financiera por la Bancaria y Comercial.

Su curricula dice que su buena estrella al lado de Peña Nieto comienza en marzo de 2010 cuando por el escándalo de la niña Paulette, el entonces gobernador del Estado de México cesa al Procurador, Alberto Baz Baz y lo hace titular de esa dependencia.

Con Peña Nieto recién llegado a Los Pinos, Castillo entra como subprocurador de Control Regional, Procedimientos Penales y Amparo en la PGR, para desde ahí ser uno los responsables de la investigación que derivó en la aprehensión Elba Esther Gordillo, acusada por defraudación fiscal. Es obvio que el cargo de Castillo y esas responsabilidades tenían todo el apoyo del mandatario.

Desde ahí Castillo forma parte del equipo del entonces procurador Jesús Murillo Karam, que indagó las causas de la explosión en la Torre B2 de Pemex.

Con esos antecedentes, el 21 de mayo de 2013, Peña Nieto designa a Alfredo Castillo como nuevo Procurador Federal del Consumidor en sustitución de Humberto Benitez Treviño, a quien cesó luego del escándalo provocado en redes sociales por su hija a quien desde entonces se conoce como Lady Profeco.

Ya para entonces Castillo comienza a ser nombrado en medios como el relevista estrella de Peña Nieto.

A ocho meses de aquel incidente y con la Profeco bajo otros reflectores, Castillo es designado con los más amplios poderes Comisionado para Michoacán, incluso más poderes que con los que cuentan los gobernadores, ya que podía operar y coordinar lo mismo a los funcionarios estatales y municipales que a los federales, incluidos los delegados asignados a aquella entidad.

Con las amplias atribuciones otorgadas entonces a Castillo, sólo tenía dos antecedentes con cargos similares: el primero fue Manuel Camacho, cuando fue designado a inicios de 1994 por el entonces presidente Carlos Salinas como comisionado para la Paz en Chiapas en las negociaciones con EZLN, y cuando Ernesto Zedillo nombró al entonces priísta y exgobernador interino veracruzano Dante Delgado como Comisionado para Chiapas.

De cualquier forma logró su cometido: bajo el índice de confrontación y violencia en aquel estado, desactivó y desarmó a los grupos de autodefensas y llevó a la cárcel a no pocos líderes templarios y del gobierno.

De repente y según testimonios, al Comisionado Plenipotenciario en Michoacán le salió lo prepotente y comenzó a cometer arbitrariedades. Algunas decisiones terminaron en enconos y muertes.

Y Peña lo tuvo que remover.

Colocado en cómodo retiro, en 2015 fue designado de nuevo por Peña ahora como director de la Conade. Y vinieron los jaloneos internos ya antes señalados y se fue a Río a las Olimpiadas.

EL PRINCIPIO DE PETER

Y, como dice el popular Filosofo de Güemes, como todo lo que sube baja, a Castillo lo alcanzó el también famoso Principio de Peter: en la Conade llegó a su nivel de incompetencia.

Las cosas ahí se habían mantenido dentro de un circuito cerrado, peeero se vinieron las Olimpiadas de Río y allá Castillo se exhibió tal como lo que hoy es: se llevó a la novia, a Jaqueline Tostado Madrid quien dice es empresaria de una Agencia de Marketing y Modelaje, a quien dotó de un traje marca Hugo Boss exclusivo para atletas del grupo de México, y quien sin tener nada que lo amerite -sólo su relación amorosa con Castillo-, desfiló junto a los deportistas en la inauguración de los juegos. Lo bueno hasta ahí fue que no se le ocurrió a Castillo hacerla la abanderada del grupo.

Desde entonces Castillo… y su jefe Enrique Peña Nieto, viven en el huracán mediático y de las escandalosas redes sociales.

El relevista estrella se transformó en uno de los peores dolores de muelas del mandatario.

Sin la lucidez que lo caracterizaba hasta no hace mucho, Castillo ha sido responsabilizado de todos los males y fallas del grupo mexicano en Río.

Cuestionado durante una entrevista radiofónica, el titular de la Conade indicó que su responsabilidad no era la del rendimiento de los deportistas, ya que la dependencia a su cargo “solo es una agencia de viajes y propiamente lo único que hace es dar el dinero a las federaciones”.

Ups!

En fin, que con todo esto encima, a un par de semanas de rendir su Cuarto Informe, Peña Nieto tiene ahora que resolver el caso de Castillo el cual, haga lo que haga, ya lo embarró en otro asunto negativo.

 

@_RVizcaino