La Gaviota «paga el pato»

OPINIÓN

*FRANCISCO RODRÍGUEZ

Sin lugar a dudas, la catarata de groserías, rechiflas y abominaciones recibida en días pasados por Angélica Rivera –(aka) La Gaviota–, a manos de diez mil asistentes al concierto de la cantante Ana Gabriel en el Auditorio Nacional, es la vergüenza más bochornosa y masiva ‎que haya experimentado una llamada «Primera Dama» en la historia de México.

‎Sentada en las primeras fila de la audiencia, la señora Rivera fue presentada al público como una personalidad asistente que confería al show la relevancia y trascendencia que le concedía la cantante de baladas románticas, que ciertamente goza de merecida popularidad entre los aficionados a la música ligera.

Inmediatamente después de hacer la presentación de la inesperada figura pública nacional, el respetable hizo sentir su «mal humor» –Peña Nieto dixit– por medio de expresiones, invectivas e imprecaciones fuera de control, exigiendo que la Primera Dama se retirara cuanto antes de ese lugar, pero con palabras más ofensivas y estridentes.

Al parecer, las reiteradas súplicas de la demacrada cantante‎, el favor, el reconocimiento y la consideración que el público le guardan, logró ablandar el rijoso ánimo de la concurrencia, pues de no haber sido así, en estos momentos estaríamos lamentando los efectos perniciosos de una ocurrencia fuera de protocolo, de las que ya no puede darse el lujo la familia «gobernante» de Los Pinos.

 

No es «mal humor»; es hartazgo social

 

‎Ninguna esposa de Presidente alguno, desde la primera República hasta nuestros días, ha pasado por tamaña vergüenza. Y no sólo se debe al «mal humor social» que, irresponsablemente, dice Peña Nieto nos afecta, pues no alcanza a entender, que México no camina sobre hojuelas con miel, según él, sino al hartazgo de una sociedad mexicana burlada y escarnecida hasta el paroxismo.

‎El linchamiento público explica por qué hasta estas alturas del llamado sexenio, el peñanietismo había escogido los mítines planchados con audiencia a modo, oficiados desde los cómodos templetes de la plaza pública de Atracomulco, orquestados por los jilgueros de Eruviel Ávila y demás coro de incondicionales.

Explica por qué los estrategas y publirrelacionistas de la mercadotecnia chafa ‎habían retirado de reflectores, candilejas y pantallas radioeléctricas la figurita de Peña Nieto, para no ensombrecer las campañas que despliegan los candidatos de su Partido en todo el país, so pena de infligirles la derrota de antemano .

Representa un rotundo mentís a quienes pensaron que, con actos populistas y demagógicos que no se le dan –como el viraje repentino hacia el uso de la mariguana medicinal, el superficial desagravio a las redes sociales, la iniciativa sobre matrimonios gay–, el llamado mandatario iba a repuntar junto con su franquicia, de cara al próximo 5 de junio.

Pero no.

 

Se suman los agravios y aumenta el rencor

 

Es toda una lección –ya francamente inservible a estas alturas–‎ de que la manipulación de encuestas infladas a su favor, en unos cuantos días de exposición al público con banderas prestadas, es más falsa que un billete de cincuenta centavos. Revela la crasa incapacidad de los subalternos para pergeñar una sola idea política de escasa utilidad.

‎Es también la prueba palpable de que las afrentas de la «Casa Blanca» de Lomas, así como las de Malinalco de Videgaray y la de Palmas de Oso…rio Chong, no han sido olvidadas. De que los agravios se suman, que cada día aumentan en la cuenta del rencor y en el maltrato doloso que ha sufrido el pueblo mexicano.

‎Evidencia sobradamente las razones por las que, según el ocupante de las cavernas de Los Pinos, «no ha logrado entender (después de la matanza de Iguala) «cuándo pasó el gobierno federal a ser señalado implicado, culpable» ¿Será que ninguno de sus ayudantes le ha explicado que la omisión maquinada y culposa está penada por la ley?

¿Será que todos los cómplices de Ángel Aguirre Rivero que habitan en Los Pinos encubrieron a este nefasto asesino, frente al «justiciero» Presidente a base de mentiritas piadosas? ¿Será que Peña Nieto aún no se entera de las podero$a$ razones de la explotación de la amapola negra en la montaña guerrerense?

‎¿Será que todavía no han salpicado al Presidente ? Porque en cualquiera de las hipótesis que se manejan, tan culpable «es el que mata la vaca, como el que le amarra la pata». No puede alegarse desconocimiento del hecho o de los ilícitos, para nunca haber actuado en consecuencia, siendo el Jefe de todos los delincuentes.

 

Ya no pueden encubrirse Tlatlaya, Apatzingán, Tanhuato…

 

Por la misma razón, no puede argumentarse que el asunto de tráfico de amapola a nivel descomunal, se trataba de un asunto de competencia local del estado de Guerrero. Menos, que la desaparición de 43 muchachos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa tenía que ser investigada por la policía municipal de Iguala.

Mucho menos, aceptar la versión del secretario de la Defensa Nacional, consistente en que toda la 27a. Zona Militar fue engañada por los polizones del pueblo, cuando los disparos de las armas reglamentarias tenían lugar a escasos metros de la guarnición armada.

Mucho menos puede explicarse la reiterada negativa a que un solo‎ comisionado de todas las organizaciones de derechos humanos del mundo occidental haya podido interrogar al más indefenso soldado, incluso aquéllos que fueron obligados a actuar so pena de despido.

Mucho menos pueden encubrirse los macabros sucesos de Tlatlaya, Apatzingán, Tanhuato, Reynosa, y demás, oficiados con el mismo cinismo, con el mismo sello, marcado por las ejecuciones extrajudiciales y las desapariciones forzadas, que constituyen delitos de lesa humanidad para cualquier internacionalista que se respete.

 

Rivera, fue obligada a dar la cara por la «Casa Blanca»

 

‎Si nada tiene explicación, nada ni nadie tiene defensa posible. La ausencia de razón y la vacatio legis –periodo que transcurre desde la publicación de una norma hasta que esta entra en vigor– mexicana no pueden encubrir a quién no invoca un solo argumento para encubrir o para excusarse. Quien se excusa, dice el viejo adagio latino, se acusa, inexorablemente.

Por ello, el llamado Primer Mandatario no puede explicarse que él es quien ha provocado la guerra sucia y de lodo que campea en todas las contiendas por las gubernaturas de más de medio país. ‎Como no quiere aceptar la responsabilidad, debe aceptar el juicio público sobre su actuación, ahora sufrido en la personita de la «Primera Dama», cual antes lo padeció cuando le ordenaron que ella diera la cara –EPN escondido bajo sus faldas– por la «Casa Blanca».

¡Y claro! Peña se calza el huarache para no espinarse. Descarta que las elecciones del próximo 5 de junio vayan a ser ¡una proyección de las presidenciales del 2018!

¿Si no lo pensaba así, por qué permitió que sus estrategas de mercadotecnia barata lo lanzaran a media plaza como al payaso de las cachetadas?

‎¿Nuevamente tira la piedra y esconde la mano?

Y la que «paga el pato», como siempre, es La Gaviota.

 

 

Índice Flamígero: «El robo y la complicidad», titula don Javier Cárdenas su colaboración a este espacio. «Solo como muestra un botón, Angélica Rivera (La Gaviota) antes de ser la “Primera Dama” de México, ¿cuántos viajes internacionales pagados de su propio peculio realizó?. Los hijos de ésta, ¿cuántos viajes, prendas de diseñador, autos, alhajas y demás amenidades lujosas poseían?, ¿de dónde, en todo caso, salió el dinero para poseer tales lujos? O es que haciendo cuentas estilo SAT (Videgaray) ¿fue esto posible con los ingresos percibidos con el fruto de su trabajo? ¡Evidentemente no!, luego entonces hay complicidad con las “autoridades” hacendarias. Por lo tanto la pregunta es: ¿quien, cuando y en qué casos las autoridades correspondientes deben iniciar una averiguación?, averiguación que dilucide, como en el resto de los contribuyentes, cuánto se percibe y de qué fuente licita, de tal suerte que los ingresos sean acordes a los egresos como lo establece cualesquier declaración patrimonial en el caso de servidores públicos, y declaración de ingresos para todos los ciudadanos mexicanos que tienen una percepción que, por ley, debe estar gravada por Hacienda, sin mencionar a los extranjeros. Si el caso es que se gasta dinero público, en consecuencia se es sujeto al escrutinio que regula la utilización de fondos públicos bajo cualquier esquema y figura. En resumen y, como muestra un botón, el “gobernador” Javier Duarte, así sin más ni más, sin que medie la intervención de la dependencia de finanzas estatal, practica arreglos financieros con José Murat y otros, con fondos públicos, sí con fondos públicos, ofreciendo algunas ventajas no al público, como son los fondos, sino a particulares como sus amigos. ¿A las cuántas excepciones, omisiones, desvíos del quehacer publico un funcionario debe ser removido, sancionado hasta donde la ley establece? ¿O es que la ley señala excepciones para Arely Gómez, Luis Videgaray, Osorio Chong, Virgilio Andrade entre otros, para que estos ante los monumentales incumplimientos a la ley permanezcan en sus puestos incólumes? Hay magos que sacan un conejo del sombrero y desaparecen una paloma, estos desaparecen el conejo, la paloma y el sombrero. ¡Vox populi, vox Dei!» Gracias por su colaboración, don Javier. + + + «Jamás imaginé vivir lo suficiente –nos dice hoy don Alfredo Álvarez Barrón– para ver esto: un presidente de los Estados Unidos en visita oficial a Japón para elevar una plegaria por los muertos de Hiroshima. Pero llegado el caso, nadie mejor que Barack Obama, el pacificador,especialista en derramar lágrimas de cocodrilo a la menor provocación.» El Poeta del Nopal, por su parte, pone la sal y pimienta al comentario: «Si las palabras redimen, / sale a evocar sus mejores / discursos, sólo rencores / incubará, todos gimen / cuando a la escena del crimen / el vencedor se aproxima, / para quitarse de encima / alguno que otro pecado, / hoy reza, desmemoriado, / por los muertos de Hiroshima.»