Embajador ecuatoriano agradece en la Basílica ayuda de México

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MÉXICO, 24 DE ABRIL (CÍRCULO DIGITAL).- En un ambiente de respeto y solidaridad, el embajador de Ecuador en México, Leonardo Arizaga, acudió a la misa que se celebró este domingo en la Basílica de Guadalupe por los damnificados por el terremoto.

Enmarcados por la homilía de este domingo en el que se destaca el amor “los unos a los otros”, el cónsul sudamericano hizo extenso su agradecimiento a través del presbítero celebrante al pueblo de México por la solidaridad mostrada hacia su país.

En efecto, expuso el sacerdote, este amor no distingue fronteras ni condiciones sociales o credos, sino que se extiende por igual a todos, y una muestra de este amor y solidaridad es la ayuda que México ha dado tanto a Ecuador como a otros países que han sufrido las consecuencias de un sismo de gran magnitud.

Recibir más de 40 toneladas de víveres cobra valor no por la cantidad, sino por el afecto y solidaridad con que son enviados por quienes sabemos lo que implica vivir un sismo, y quién mejor que los mexicanos que hemos tenido la experiencia por años de vivir en una zona sísmica, subrayó el padre en su homilía.

De esta manera, el representante diplomático compartió la eucaristía con los miles de feligreses y peregrinos que a diario acuden a la sede mariana y de paso cruzó la Puerta Santa, abierta con motivo del Año de la Misericordia.

Alrededor, como es normal todos los domingos, peregrinos y feligreses llenaban los pasillos y áreas abiertas dentro del templo buscando un lugar dónde sentarse, y si no, por lo menos en el suelo, donde mujeres y niños descansan del sol y el camino mientras participan en misa.

No faltan quienes aprovechando que es el Año de la Misericordia, acuden a los confesionarios para hacerse acreedores a la indulgencia plenaria, para lo cual deberán comulgar después y pasar por la Puerta Santa para luego pedir por las intenciones del Papa.

Asimismo, también están presentes los turistas, quienes independientemente de la misa pasean por el recinto para tomarse fotografías y selfies con el altar Mariano como fondo, procurando no ser atropellados o tropezar con quienes están sentados en el piso.

Tampoco están ausentes los que a pesar de acudir a misa, no apagan o ponen en silenciador sus celulares, los cuales suenan casi siempre de manera inoportuna en los momentos claves de la misa.

Pero eso no importa, pues quienes acuden a la Basílica están conscientes de que es inevitable tener que convivir con este tipo de incidentes, que van desde las llamadas inoportunas, los niños que lloran por hambre o por qué están cansados e incluso la gente que simplemente recorre en plan turístico el lugar.

En la homilía se hizo extensa los motivos de la celebración eucarística también por los afectados por los sismos en Japón y todos los países que han tenido que vivir una tragedia a causa de los movimientos telúricos en el mundo.

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