¿A qué partido apoyará el PRI en 2018?

De Primera Mano

*Rodulfo Reyes

La interrogante que deberían estarse planteando en estos momentos en la nomenclatura del PRI no es quién será su candidato a gobernador en 2018, sino a quién apoyarán en la próxima elección de entre el PRD y Morena.

El Revolucionario Institucional la tiene virtualmente imposible: si en 2012 que tenía gobernador no supo defender la plaza, menos podrá en la contienda por venir que irá sin los activos de la quinta Grijalva y -lo peor- con una Presidencia de la República acotada y haciendo todo por mantenerse en Los Pinos.

La flaqueza tricolor aumentan las posibilidades de los dos institutos de izquierda: por un lado el de Andrés Manuel López Obrador con todo lo que representa el tabasqueño que por tercera vez apuesta por el Palacio nacional, y por el otro el partido gobernante y su fortaleza de administrar el erario.

Como AMLO no quiere nada con el régimen, y en el sol azteca también han resentido los embates del caudillo al gobernador Arturo Núñez Jiménez, todo apunta a que la izquierda no irá unida.

No es fácil la tarea del ex secretario de Gobierno, Raúl Ojeda Zubieta, de tramitar una alianza entre su partido y Morena: la única manera de abanderar a los acólitos de López Obrador sería despojándose de los colores amarillo y negro.

Hoy día se ve improbable que Ojeda vaya a ser abanderado del PRD y Morena, aunque compita por estas últimas siglas.

En el sol azteca se sabe también que la llegada de un incondicional del político de Macuspana representaría una sanguinaria cacería contra las actuales autoridades, quizá de mayor intensidad con que se desolló en este sexenio a los integrantes de la pasada administración.

Puede afirmarse entonces que parece ya estar marcada la ruta del desencuentro entre los dos bandos de la izquierda.

Por eso, el tricolor se convierte en un bocado apetecible para cualquiera aquellas fuerzas.

Morena, a través de su presidente estatal, Adán López Hernández, ya sabe que el priísmo puede hacer la diferencia y por eso su empresa de empadronar a cualquier hijo de vecino que tenga un carnet tricolor.

Salvo la incorporación de Evaristo Hernández Cruz, que tenía una trayectoria en el tricolor y una estructura que lo avalaba (se le atribuye buena parte de los votos que logró en Centro Octavio Romero Oropeza en las elecciones extraordinarias del 13 de marzo pasado respecto a la jornada del 7 de junio de 2015), los demás ex priístas que se han agregado a Morena son desertores que creen que basta con haber militado en el PRI para tener una carrera.

Más aún: los ex militantes del tricolor suponen que llegarán a Morena a desplazar a los aspirantes de esa organización, que del PRD siguieron a AMLO cuando todavía el nuevo partido era un episodio incierto.

Y si bien es cierto que la dirigencia solaztequista pareciera que no hace nada por evitar la sangría priísta que alimenta a Morena, los intereses de los gobernantes tabasqueños están más cercas del PRI del presidente Enrique Peña Nieto que de AMLO.

A la inversa, también a la federación le favorece una alianza estratégica con el perredismo tabasqueño, más que con las huestes de López Obrador en su propia tierra.

Por eso, en el PRI estatal -al nacional le importa un comino lo que pase en Tabasco- ya deben empezar a evaluar quién les conviene que gane en el 2018: el Rayito o el régimen perredista.

La respuesta a esa pregunta puede ser confusa: por un lado Enrique Peña debe soñar todos los días a quien lo considera su enemigo público número uno, el tabasqueño Andrés Manuel, pero los poderes fácticos del tricolor choco (los ex gobernadores Manuel Andrade Díaz y Manuel Andrade Díaz sobre todo) quieren cobrarle a Arturo Núñez la afrenta de haberlos derrotado en 2012, 2015 y 2016.